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El hábito de quererse

"¿Y a mí? ¿A mí me querrá alguien? ¿Le habré gustado a algún ser humano en algún momento?". Me resultaría extraño que alguien me dijera que estos pensamientos nunca han pasado por su cabeza. Es normal. Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos la interacción para sobrevivir (y para vivir también). Y, aunque a algunos nos guste llevar la independencia por bandera -no la política, qué pereza me da esa-, al hacer el ejercicio mental de "eliminar" a las personas importantes de nuestra vida a todos nos entran sudores fríos. Yo lo he pensado muchas veces. A día de hoy me sigue sorprendiendo que alguien muestre algún tipo de interés en mí. Cada vez menos, pero sigue sucediendo. Es la autoestima, querida. Si tienes la capacidad de apreciar las cosas que te hacen "querible" entiendes más fácilmente qué puede ser lo que gusta de ti. La historia es: ¿cómo se construye?

El verano pasado tuve la suerte y la desgracia de pasar por una enfermedad que no me permitía dormir más de tres horas al día. Meses acumulando rabia, proyectando mis frustaciones en los demás, no dejándome querer ni queriendo a nadie. Los peores de mi vida. Se me hizo evidente que nunca me había prestado atención a mí misma. "Sé que merezco la pena, pero no sé por qué merezco la pena". Si ya es difícil llegar a la primera parte de la oración, el proceso hasta saber por qué mereces la pena es un odisea. Lo de Ulises, un paseo. Y a pesar de que la relación no siempre funciona en este sentido, se suele cumplir que cuanto más díficil es conseguir algo, mejor es la recompensa. No se podría cumplir más en este caso.

Hace no mucho tuve una conversación con una persona a la que aprecio mucho, me apetecía contarle todo esto. No tardé en sentenciar: "ahora me quiero más". En ese momento se formó un discurso en mi cabeza que parecía tener mucho sentido. Ya no solo sabía que me quería más, sino por qué me quería más. El trabajo. Los defectos que crean inseguridades o se aceptan de verdad o se trabajan, pero no se obvian. El pasar por esos meses había hecho que sacara lo peor de mí y que, además, se lo cargara sobre las espaldas a las personas que más quiero. No podía seguir así y no quería seguir así. Así que trabajé mucho para cambiar ciertas cosas. Tampoco estaba bien con mi aspecto físico y en vez de dejarlo pasar hice algo al respecto. La determinación tiene un precio muy alto, pero la calidad hay que pagarla. No sé si se entiende bien esto.

Lo que quise dejar claro es que lo que tenía me lo había ganado. "Pero no todo el mundo tiene lo que se ha trabajado, Marina. Hay quien tiene más de lo que se merece". Hay un paralelismo muy bueno. Todos tenemos este tipo de amigo que se come a Dios por las piernas, como diría mi señor padre, y no engorda ni queriendo. Podríamos llamarlos los "delgados sin querer". Bueno, digamos que entonces a lo que se estaba refiriendo esta persona son "los que se quieren sin querer". Esa gente con carisma innato que proyectan seguridad y reciben más de lo que dan continuamente. Es cierto, me había olvidado de este tipo de personas. Pero me sorprendí a mi misma con el razonamiento que vino a continuación. A corto plazo mataría por ser una "delgada sin querer". Y antes de esos meses fatídicos probablemente también mataría por serlo a largo plazo. Sin embargo, ahora siento una seguridad inmensa precisamente porque, cuando tengo días malos y me es difícil ver lo bueno que hay en mí, puedo mirar hacia atrás y ver todo lo que he hecho para llegar al sitio en el que estoy. No le debo mi felicidad a nadie.

Con el trabajo los pilares se hacen evidentes, son palpables, los puedes ver. No vino fácil, y no se irá fácil. La realidad es dura y el compromiso es grande: cuando empiezas a observarte bajo esta perspectiva te das cuenta de que no hay un final, no hay diplomas, no hay medallas. La maratón la corres tú solo y la corres porque tú quieres. Las cosas que vayan pasando mientras corres, lo bueno y lo malo, son complementos. Nada más. Sguiendo con el paralelismo, una buena dieta además de ser sana tiene que poder generar adhesión. Tiene que adaptarse a tu rutina, a tus particularidades, tus gustos. Sin adhesión no hay constancia ni hábito. Lo cierto es que hay muchas maneras de quererse a uno mismo, pero elijas la que elijas tiene que generar adhesión. El hábito de quererse.

¿Y vosotros, cómo lo y cómo os veis?

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