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Puntos de inflexión

Estoy en ese punto en el que todos hemos estado. El punto de inflexión o, bueno, más bien, el punto de reflexión: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Soy feliz? ¿Tiene sentido lo que pienso, lo que digo, lo que hago? Hasta hace no mucho me compadecía de mí misma por estar en esta situación. "Marina, tienes 22 años, estás terminando la carrera. En realidad llevas dos años terminando la carrera. Tú eras el tipo de persona que lo tenía todo pensado: ahora estoy haciendo esto, mañana haré esto otro. ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué no sabes hacia dónde mirar? No dependías de nadie y ahora si no notas constantemente que te prestan atención te parece que el mundo se va a acabar. ¿En qué momento has llegado hasta aquí?". Esta es la historia que me repetía a mí misma todas las mañanas. Una y otra vez. Levantarse sin tener ganas de vivir no es una sensación demasiado agradable. Y nunca la había sentido antes; o, por lo menos, nunca tan nítidamente. 

Ahora, después de muchas horas de diálogo interno con un "yo" sin ningún tipo de barrera ni piedad, con un "yo" que no me quería nada, pienso en afortunada que soy de poder estar en ese momento. Todo es una oportunidad y de todo se aprende, si de verdad quieres aprender. Porque es así: si miras a tu alrededor por encima, sin prestar demasiada atención, parece que todo el mundo lo tiene hecho, la vida resuelta, todos saben lo que hacer, todos le han encontrado sentido a su vida, todo el mundo tiene muy claro adónde va. Pero cuando te cansas de castigarte y escuchas lo que de verdad te quieres decir y lo que los demás te quieren decir de verdad la realidad va por otro camino. No todo el mundo lo tiene resuelto. Incluso hasta el más exitoso de los seres humanos duda de si está haciendo lo correcto. Quizás tiene las mismas dudas e incertidumbres que tú en una mansión en las afueras de San Francisco, pero las tiene. Y, probablemente, la sensación de desasosiego sea la misma, o incluso mayor, que la tuya.  

El gran error: la culpa innecesaria y la auto-condescendencia gratuita. El cambio en la perspectiva es necesario para una salud mental más fuerte, más resiliente. Eres como eres y, quizás, no como te gustaría ser, como dice Carmen Boza en una de las canciones de su último disco. Pero es que es probable que ni siquiera hayas podido escucharte a ti mismo, a ti misma. Quizás tienes tantas voces en tu cabeza que ya ni siquiera sabes cuál es la tuya, o si tienes. Yo no me he perdonado, y creo que nunca me perdonaré del todo. Las cosas que dejo que me condicionen incluso cuando creo ser fuerte e independiente están ahí. Y las detesto. Imagino que tú detestarás las tuyas también. Pero trabajar en el estado mental es la única solución. Encontrar las ganas de levantarte por la mañana sean cuales sean las condiciones que te rodean es el reto más grande al que nos enfrentamos y nos enfrentaremos durante el resto de nuestras vidas. Y contarte tu propia historia de una manera que sea justa contigo mismo y con los demás es el primer paso.


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