Amamos las ideas, buscamos los principios pero no reparamos en el mecanismo. ¿Si no existiera el agua querríamos, desearíamos, beberla igual? La certeza de que el suelo volverá a ser firme mañana cuando nos levantemos no tiene el mismo nivel de solidez que el principio de igualdad. ¿Cómo de inamovible es un ideal? Este, al fin y al cabo, no es más que una querencia y lo que queramos o no depende del contexto. Dotar a una prefencia, ya sea individual o colectiva, de inamovilida es un acto de irresponsabilidad ran grande como ignorarla. Los dos errores pecan en el mismo razonamiento: creer que el contextode hoy será el mismo que el de mañana; creer que el mundo no va a cambiar de un día para otro y que, si lo hace, va a ser a nuestra voluntad, poco a poco, para no producir ningún, para no alterar ningún equilibrio.
Con esto no quiero decir que no exista ninguna certeza en la vida sino que, las que hay, ponen en cuarentena continua todo lo que vaya más allá de la mera existencia. La existencia implica necesariamente que hay vida y la vida de lo único que requiere es de movimiento. A su vez, las ocurrencias, las preferencias, las voluntades, que en su mayor expresión son meramente humanas y, en su menor, son características de todos los seres humanos que habitan el planeta, están sujetas y dependen necesariamente del cambio porque es el contesto el que dota de sentido al principio y no al reves. Creer teóricamente en el princpio de libre albedrío si no es empíricamente alcanzable por el contexto que define a la existencia en ese preciso instante convierte a este mismo, que era en primera instancia bueno y necesario, en una distracción: lleva el esfuerzo de los hombres (y las mujeres) de un objetivo posible y encomiable a una pérdida de tiempo a todas luces evidente.
La certeza, por otro lado, funciona como otro mecanismo más de defensa del ser humano. De la misma manera que queremos pisar suelo firme necesitamos que nuestros ideales estén lo más alejados posible de la aleatoriedad. Cuando no había ciencia utilizábamos la fe para atar los cabos al muelle y evitar que el barco zozobrara perdiéndose en mar abierto con nosotros dentro y sin rumbo ni dirección controlables. Efectivamente, tiene sentido que así sea, pero ignorar la mutabilidad de las querencias y el pensamiento producido conlleva el mayor de los riesgos: obviar, desconocer a propósito y en un acto de cobardía, la fragilidad del ser humano, del existir y de todo lo que le rodea. En última instancia, desconocer el mecanismo del mecanismo de defensa hace que este último pierda la esencia de su utilidad.
Otra reflexión interesante que sacó a raíz del artículo es: ¿ qué prevalece el ideal de una persona o la propia supervivencia? Porque podemos ver como el ser humano en su día a día expresa su ideal de muchas cosas pero se queda en una zona de confort donde sabe que va a sobrevivir, ya sea en supervivencia de la pareja supervivencia económica etc...
ResponderEliminarY dejando así morir la idea de vivir en un situación semejante de lo que para el es el idealismo.
Bueno esto puede crear un debate muy interesante pero es a la reflexión que me lleva este artículo.
¡Hola, Linn! Gracias por tu comentario.
EliminarPues yo misma he tenido esa duda muchas veces, y todavía no está resuelta. ¿Sería capaz de enfrentarme a mis miedos por salvar mis ideales? Pues no lo sé, pero es interesante.