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Cuarentena (1/15)

Día 1 de 15:

Vivimos tiempos surrealistas. Sobre todo para mi generación. Los nacidos en los 90 en España nunca nos hemos encontrado con una situación de emergencia social de este calibre. La mayoría de nosotros no ha pasado por grandes penurias. Por suerte, Quizás la crisis de 2008 puede ser lo más cercano. Aun así, a la mayoría nos pilló alrededor de la adolescencia, un periodo en el que los problemas de uno son siempre cosa del resto y en el que estamos tan fascinados inconscientemente por los cambios internos que la realidad se nos hace casi complemente ajena. Esta vez es diferente. Esta vez somos responsables. Bueno, hemos de ser responsables.  

Se acaba de decretar el estado de alarma. Estado-de-alarma. Cómo suena. eh. Ya hubo uno en 2010, pero este es esencialmente diferente. Este estado de alarma por la crisis del coronavirus nos obliga a quedarnos en casa durante 15 días, mínimo. Salir a comprar, a pesar al perro y poco más, en caso de que no sea estrictamente necesario. Evidentemente esto es algo que nos afecta absolutamente a todos los ciudadanos, pero desde que empezó esta crisis (que es desde hace más o menos una semana) no he dejado de observar y analizar el comportamiento de los jóvenes españoles. Nuestro papel en esta situación es espcialmente particular. 

Y es especialmente particular básicamente porque implica no ser egoístas. Pensar más allá de nosotros. Una vez que la cuarentena se implanta legalmente ver que básicamente todo el mundo entiende esto es reconfortante. ¿Pero que pasaba antes de que fuera obligaria? Yo empecé a informarme tarde, pero en cuanto vi que podríamos ser la siguiente Italia mi percepción de la realidad que estábamos viviendo cambió. Además, el coronavirus empezaba a ganar protagonismo en todas las conversaciones de ascensor. Pero nadie hacia nada. Absolutamente nadie. En este punto de la crisis me asaltan varias preguntas: ¿se puede confiar en la "responsabilidad individual"? ¿Qué papel juega la información en una situación como esta? ¿Cómo de vinculado debe estar (éticamente) el ciudadano a lo que pase a su alrededor, a la sociedad? ¿Salvar a las personas pasa por salvar al sistema?

En la última semana, hasta hoy, he estado escuchando continuamente frases como "bueno, no es para tanto. Es casi imposible que te mueras de esto, si eres joven y además no tienes patologías previas". Hasta yo misma me intentaba auto-tranquilizar constantemente con un "Marina, tú no eres población de riesgo, no dejes que coma el pánico". Well, pues lo que estaba dejando que me comiera no era el pánico. Era el egoísmo. El egoísmo y la falta de miras de alguien que lo ha tenido todo siempre, la comodidad de no haber temido por no tener suficiente comida para un día jamás. 

A la juventud española nos ha costado entender que quizás, PUEDE SER, no somos lo más importante siempre. Que el mundo no gira en torno a nuestro privilegio. No eres tú, joven sanote, es tu abuelo y la prima con asma del vecino. Pero no estamos acostumbrados a que no seamos nosotros. Y, sobre todo, no estamos acostumbrados a que las expectativas cambien. Y más si han de cambiar porque la realidad, tal y como la conocíamos, se ha transformado en otra cosa de un día a otro. En una cosa que no entendemos. No nos gusta no entender, no tener la sensación, siempre falsa, de control. Va a ser curioso ver cómo se nos da enfrentarnos a nosotras mismas durante 15 días. Sin las distracciones de una vida que hiperventilaba constantemente. Sin la necesidad de ir de un sitio a otro corriendo. Sin la necesidad de aparentar ante una sociedad que camina mirando al suelo. Tenemos tiempo para indagar y poner en duda lo que pensamos. Me resulta curioso cómo cada una de nosotras tiene un nivel de resistencia al cambio. Y cómo, además, ese nivel de resistencia está directamente relacionado con el sufrimiento.

De todo se aprende en esta vida. De lo bueno y de lo malo, esperado o inesperado. Y esto siempre se aplica a nivel individual pero, ¿a nivel de sociedad? ¿Cómo saldremos de aquí? ¿Qué consecuencias va a tener esto? ¿Hará madurar un hecho como este a la generación más comprometida pero cuyo compromiso ha sido casi siempre gratuito? Quiero aprovechar estos días para reflexionar: sobre mí, sobre la realidad, sobre la sociedad (y para 'teleestudiar', que a hacer la cencia no se aprende solo). Por lo pronto he observado un fenómeno muy concreto, en básicamente todo aquel y aquella con quien he interactuado esta útlima semana. El efecto "hasta que no lo veo no me lo creo, hasta que no me lo creo no actúo". Incluso nosotras mismas, probablemente, hayamos pensado esto en algún momento. Es normal. Lo nuestro siempre es más importante que lo de los demás. Es un mecanismo de defensa básico en el ser humano. No quiero juzgar el comportamiento. Estoy mayor para juzgar, es muy costoso y tiene pocos beneficios. Pero sí que me ha llamado la atención cómo esto duraba mucho más de lo que era comprensible con la información que llegaba constantemente desde Italia y China. 

Imagino que aquí juegan un papel básico el ego y la ignorancia deliberada. "No es para tanto" casi siempre significaba "no tengo ni idea de si es grave o no porque no sé qué está pasando pero como no me quiero preocupar ni cambiar nada voy a jugzar reacciones ajenas antes de plantearme siquiera si podrían estar justificadas". No juzgo, de verdad. Simplemente me sorprende. Amigos míos y en general casi todo el país pedíamos que nos dijeran qué tenemos que hacer. Cualquier persona que, hace 3 días, quisiera saber qué debía hacer, si debía encerrarse o no, podía constestar a esa pregunta fácilmente mirando un par de tablas de datos fácilmente accesibles y leyendo los testimonios de nuestros vecinos de Italia. También fácilmente accesibles. Pero, amics, no nos han enseñado a tomar decisiones, a confiar en nuestro juicio, a ser flexibles mentalmente. Le hemos cedido la responsabilidad a un gobierno que piensa por nosotros  y actua por nosotros. Los ciudadanos solo obedecemos. Ojalá está crisis sirve para cuestionarnos, cuestionar al sistema y lo ya establecido y a creernos y valorarnos un poco más.

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