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Cumpleaños en cuarentena

Día 4 de 15:

La gente que no me conoce mucho piensa que me gustan mucho los cumpleaños. La gente que me conoce bien sabe que a mí lo que gusta es celebrar. Sentir. Querer cada vez mejor. Reír. Me gusta la vida, aunque siempre he sabido abrazar y no siempre he dejado que me abracen. Lo bueno es que la puerta ya no está medio entornada. Los que me conocen bien también saben que a veces soy difícil de entender y que si arranco a hablar una noche a las 3 de la mañana va a ser difícil que pare antes de que salga el sol. Saben que pienso mucho y, también, que cambio casi continuamente de opinion. Lo que yo sé de esas personas van pasando por mi vida y a las que me siento o he sentido unida es que todas tienen algo. Todas tienen una luz. Y cada una de esas luces tiene un color y una forma. Y además, dependiendo del día, sus intensidades varían. Pero todas tienen una cosa en común: nunca se apagan. Siempre están. Qué suerte tengo.

Ya. Ya sé que me estoy contradiciendo. Mi cerebro está intentado dar coherencia a mi pasado y lo que yo siento no viene de lo que es, sino de lo que yo percibo que es. Ya, ya sé que la realidad tampoco es tan relevante y que la ciencia no puede explicar todo lo que pasa a nuestro alrededor. Pero, ¿sabes qué? Que ahora mismo eso me da igual. Y este es el privilegio: el poder elegir en qué plano nos apetece más vivir en cada momento. Yo ahora estoy en el de la fantasía, sin lugar a dudas. En el del agradecimiento. Me puedo dar el lujo de hoy solo me importe hoy, de relajar las exigencias ajenas y mis expectativas. Sin embargo, la vida adulta (o simplemente la propia naturaleza de la existencia, yo qué sé ya) nos quiere con los pies pegados al suelo y nos permite vivir constantemente en el plano en el que más cómodos nos encontramos; en "nuestro" plano. Y también por esto me siento agradecida. ¿Qué sentido tendría estar viva en un mundo en que no cabe el crecimiento personal? El cambio y las dificultades, creo, estructuran el sentido de la existencia. 

Nos toca vivir -como diría mi Chavela- en un mundo que nos es raro. Nos toca vivir tiempos de cambio y de incertidumbre en los que tenemos que pausar nuestra rutina de jóvenes que quieren experimentarlo todo. Jóvenes obsesionados sistematicamente con encontrar su pasión y poder llegar a decir alguna vez que viven la vida que siempre han querido vivir. Aunque ninguno de nosotros sepamos siquiera qué precio estaríamos dispuestos a pagar por ello, ni si se nos permitirá jugar al juego de "la madurez" algún día o como nos esperamos. Antes he dicho que sabía cosas, pero últimamente me centro más en lo que no sé que en aquello que creo saber. Sinceramente, por no saber, no sé si mañana estaré viva. Es bastante problable que sí, pero vaya, de momento prefiero saborear esta sensación interna de paz. ¿Por qué nos centramos en las incertidumbres futuras pudiendo tener certeza interna en el presente?

En fin, que me lío. Este mundo es una locura. A lo que voy, basicamente, es que me resulta muy curioso observar cómo vivimos autoconvenciéndonos constantemente de que va a haber un futuro y de que, además, tenemos el poder de precedirlo. Yo, al final, lo que sé es que no tengo ni idea de nada. Esta es una idea que pesa. Es cara. Es peligroso llevarla encima todo el rato. Y, además, si se te cae se rompe muy fácilmente. Pero es mi elección. Y está bien poder elegir, aunque nos equivoquemos. Porque ese es el único poder que tenemos mientras estamos vivas. Con sus limitaciones y nuestros impedimentos, sí, pero es el único poder real.

Vivir en Noruega durante un año. Conocer a una de mis mejores amigas por una aplicación cutre de ligar. Compartir piso con mi hermano no-de-sangre, al que recuerdo desde que tengo memoria, desde los 18. Seguir viviendo juntos con 24. Que mis familia siga estando ahí, me quieran y yo les quiera. Acabar haciendo lo que pensaba que nunca haría. Enamorarme sin entender qué es el amor. Pasar un cumpleaños en cuarentena... Qué voy a saber yo del futuro, queridos y queridas. Estoy lejos, físicamente, de familia y amigos, pero más cerca que nunca, por dentro, de mí y de esas lucecitas de las que hablaba antes. Hay que tirar con lo que venga. Hay que querer todo el tiempo que el tiempo permita. Y hay que dejar de ser una chapas como yo. Cuidaos mucho estos días, nos abrazaremos por dentro y por fuera pronto.

De momento, a disfrutar de lo que tenemos que, por suerte para muchos de nosotros, no es poco.

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